Dejamos Tiberias camino a Nazareth, al llegar allí vimos un puesto con unos jugosos zumos de frutas que están por todos lados, nos faltaba probar el de granadas, nos hicieron un gran zumo que al acabarlo nos dejo la boca como una alpargata (por lo seca) y la verdad es que la barriga también se veía resentida.
Yo sólo puedo deciros que al salir de la basílica de la Anunciación por la parte de arriba hay unos lavabos que valen 1 shekel y que son magníficos.
Ciertamente no vi mucho la Basílica y poco tiene para ver, ya que es algo demasiado moderno que choca bastante con el tipo de iglesias que acostumbramos a visitar, si que en la parte de arriba hay una representación de vírgenes de diferentes países que nos resultó bastante curiosa.
En Nazareth, comimos en un restaurante árabe y hablamos con el dueño y le preguntamos si podríamos pasar por Cisjordania sin problema, por Nablus, Jenin, etc hasta llegar a Jerusalén. Ninguna de las personas a las que le preguntamos nos lo aconsejó pero nos llamó la atención que el chico del bar nos explicó que para la mayoría de árabes que viven en Israel, Israel es Palestina.
Decidimos dirigirnos a Jerusalén bordeando Cisjordania, y llegamos de noche después de hacer nuevamente una gran caravana, menos mal que teníamos reservada noche en un cutrehostal.
Llegamos al cutrehostal, New Swedish, era inhumano menos mal que tenía un ventilador y teníamos una habitación para los 4.
Fuimos a cenar al bar Samara (justo al lado de la Puerta de Jaffa), es un bar muy acogedor que lleva una familia palestina cristiana. Gina nos había puesto en contacto con Fadi y Rami, dueños del bar, que nos guiaron por la Jerusalén nocturna a través de la Calle Jaffa y la zona de bares de la ciudad, estábamos cansados y decidimos regresar al hostal pero antes quedamos con Fadi para que nos llevará al día siguiente a visitar Belén.

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